La Tierra: un imán gigante | Servicio Meteorologico Nacional.





La Tierra se comporta como un imán, creando un campo magnético con dos polos situados cerca de los polos geográficos. Las líneas de fuerzas generadas desde su interior interactúan con la actividad solar y del medio interplanetario. Un equilibrio magnético entre el centro de la Tierra y las energías provenientes del Sol, protege a los sistemas biológicos de estas partículas solares, cargadas de electricidad, posibilitando la vida en el Planeta. En esta nota te contamos qué es y cómo realizamos mediciones del campo geomagnético desde el Servicio Meteorológico Nacional.

 

La Tierra: un imán gigante





La Tierra se comporta como un imán, creando un campo magnético con dos polos situados cerca de los polos geográficos. Las líneas de fuerzas generadas desde su interior interactúan con la actividad solar y del medio interplanetario. Un equilibrio magnético entre el centro de la Tierra y las energías provenientes del Sol, protege a los sistemas biológicos de estas partículas solares, cargadas de electricidad, posibilitando la vida en el Planeta. En esta nota te contamos qué es y cómo realizamos mediciones del campo geomagnético desde el Servicio Meteorológico Nacional.

 






En la base antártica Orcadas, un observador del SMN monitorea y registra las diferentes componentes del campo magnético para proporcionar valores  del mismo en un lugar y momento determinados. En Orcadas, a 200 metros del pabellón principal donde científicos, observadores y pronosticadores comen y duermen, se ubican las dos “casitas de geo”, como los lugartenientes le llaman a las instalaciones que resguardan el instrumental de mediciones de geomagnetismo, tan fundamentales para la vida que conocemos en nuestro planeta.

 

Medir el campo geomagnético es fundamental para la vida biológica en la tierra y tiene múltiples aplicaciones cruciales para nuestra sociedad y nuestro modo de vida. Con dirección hacia el norte y en función del polo magnético, migran las aves.  El campo magnético  protege a los seres biológicos de las partículas del sol y de las tormentas solares como el desprendimiento de masa coronal. Perturbaciones en este campo pueden interrumpir las telecomunicaciones, los GPS, perjudicar el vuelo de un avión o hacer colapsar un tendido eléctrico debido a que por ejemplo, una tormenta solar  genera tantas partículas de energía, que el flujo de información podría colapsar, dejándonos sin luz. Sin ir más lejos, el funcionamiento mismo de las brújulas depende del campo magnético, estas apuntan hacia el norte en función del polo magnético, como un punto de referencia fundamental, sin el cual la navegación antaño hubiera sido inimaginable. 

 

Si tuviéramos que ubicar geográficamente el campo magnético en relación con un lugar conocido por todos, diríamos que se encuentra cerca de los polos, norte y sur, normalmente llamados norte y sur magnético. Los polos son los mejores lugares para realizar mediciones de geomagnetismo porque son los lugares donde hay menos actividad antrópica, es decir menos interferencia,  y donde se registran los valores más altos de este campo magnético.

 

En el hemisferio sur existe, a su vez,  la llamada “anomalía del atlántico sur”, un debilitamiento del campo magnético. Por ello también se torna fundamental medir en esta zona. Argentina tiene dos de los pocos observatorios de geomagnetismo existentes en este  hemisferio, uno ubicado en Pilar, Córdoba, y otro en Orcadas, Antártida, ambos pertenecientes al Servicio Meteorológico Nacional.  A través de las mediciones que realizamos desde el SMN, el programa de Observatorios Digitales (INDIGO, por sus siglas en inglés) puede recolectar datos sobre el hemisferio sur y elaborar magnetogramas, registros visuales de las componentes del campo magnético para la zona. Estos datos cumplen con los altos estándares de medición que requiere la red global INTERMAGNET (International Real- Time Magnetic Observatory Network) a la cual pertenecemos.

 

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Los fenómenos conocidos como auroras boreales se relacionan también con el campo magnético que cubre la tierra.  Estas son electrometeoros, es decir, una manifestación visible de la electricidad presente en la atmósfera.  Ocurren a partir de los 100 km de altitud, por eso es común verlas en el hemisferio norte. En la Antártida, suelen verse en la Base Belgrano II. Estos accidentes suceden cuando una masa solar choca con los polos norte y sur de la magnetosfera terrestre, produciendo una luz difusa pero predominante proyectada sobre la ionosfera terrestre. Esta luz puede observarse en distintos colores gracias a la presencia de Óxido (O), Nitrógeno (N) y a la altura en que se desarrolla el fenómeno.