Al sur del sur | Servicio Meteorologico Nacional.

Al sur del sur



En el ingreso de Argentina al escenario antártico internacional, los aportes de la Oficina Meteorológica Argentina y su director fueron centrales. En esta nota, recorremos los primeros pasos de nuestro país hacia el continente blanco.

Autor: Daniel Agüero


Mirando al sur
Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, las regiones polares representaban la “última frontera”. Fue por eso que los Congresos Internacionales de Geografía de Londres (1895) y Berlín (1899) recomendaron en sus conclusiones finales una ofensiva exploratoria y científica sobre el continente blanco, que se tradujo en una serie de expediciones nacionales, conocidas en su conjunto como la Expedición Antártica Internacional.

Durante la llamada “Edad Heroica de las exploraciones polares” (1895-1922), varios de esos viajes con destino al corazón de la Antártida, su polo sur geográfico, recalaron en el puerto de Buenos Aires y generaron gran interés en la prensa y el público, a la vez que recibieron toda clase de colaboración gubernamental por parte de distintas administraciones nacionales. Esa ayuda se materializó, por mencionar solo unos pocos ejemplos, en víveres, carbón y reparaciones para la expedición de Jean Baptiste Charcot (Francia), alojamiento y cuidados en el Jardín Zoológico de Buenos Aires para perros polares y ponis siberianos, más el contraste de instrumental en el observatorio geofísico de Pilar (Córdoba), para la del Dr. Wilhelm Filchner (Alemania). Además, se facilitó la transmisión de señales horarias precisas desde la isla Observatorio (archipiélago de Año Nuevo, isla de los Estados) para la de Ernest Shackleton (Reino Unido) y la posibilidad latente de rescate para todas ellas. De todas las expediciones, será la expedición antártica nacional escocesa (1902- 1904), al mando de William Speirs Bruce y a bordo del Scotia, la que marcará un punto de inflexión en nuestra historia antártica.

La OMA rumbo al “Gran Sur”
El naciente interés nacional por la Antártida no se limitó a colaborar con expediciones internacionales. Se extendió también a la consideración, por parte de distintas autoridades, de una serie de solicitudes locales de expediciones hacia la Antártida, algunas provenientes de particulares y otras fomentadas a través del actual Instituto Geográfico Nacional, que, por diversos motivos, no llegaron a concretarse.

A estos antecedentes pueden añadirse la creación del observatorio meteorológico y magnético en la isla Observatorio y el exitoso y dramático rescate por parte de la tripulación de la corbeta Uruguay, al mando del teniente de navío Julián Irizar, de la expedición sueca del Dr. Otto Nordenskjöld (1901-1903), de la que formó parte el oficial José María Sobral. Estos hechos influyeron en una mayor consideración nacional sobre esas regiones y generaron así una creciente concientización sobre la necesidad de un efectivo ejercicio de soberanía en esas altas latitudes.

William Speirs Bruce, biólogo, oceanógrafo, pero sobre todo explorador polar escocés, organizó, sin recibir el aval de la Royal Geographical Society de Londres, la expedición antártica nacional escocesa de 1902-1904. Su objetivo principal era invernar en la zona del mar de Weddell, lo más cercano posible al polo sur geográfico, pero el estado del campo de hielo marino lo obligó a un cambio de planes. Decidió, entonces, hacerlo en la isla Laurie de las Orcadas del Sur para abordar un programa de investigación a nivel meteorológico y magnético. En noviembre de 1903, habiendo dejado una dotación mínima para continuar las observaciones científicas, el Scotia recala en el puerto de Buenos Aires con el fin de reaprovisionarse. Durante la estadía, Bruce negoció un acuerdo con el gobierno nacional, por el que ofertaba el observatorio de Omond House a Argentina.

Por nota dirigida al ministro de Agricultura, el 17 de Diciembre de 1903, el por entonces director de la OMA, Walter Gould Davis, consideró las siguientes conclusiones respecto del ofrecimiento de la compra-venta: “Habiendo hablado hoy largamente con el profesor Bruce, jefe de la expedición escocesa, que ha hecho investigaciones magnéticas, climatológicas y oceanográficas en la región antártica desde principios de este año, e impuesto, hasta cierto punto, de la naturaleza de los estudios efectuados durante el año, he reconocido la importancia inestimable que los resultados ya obtenidos tienen para la climatología de aquella región”.

Asimismo, admite que “los grandes cambios experimentados en los elementos atmosféricos, al alejarse a corta distancia de la extremidad sur de este continente, demuestran que nuestras hipótesis o supuestos conocimientos de las condiciones que imperan en aquella tierra incógnita son bastante erróneos”.

Sostiene también que “(…) la República Argentina fue invitada por varios centros científicos oficiales a cooperar en las observaciones meteorológicas por el establecimiento de estaciones al sur de los 30° de latitud en tierra firme y en las islas de Año Nuevo y Shetland.

La aceptación, por parte de esta República, de las indicaciones de las sociedades europeas, queda demostrada por el observatorio magnético y meteorológico instalado en la isla de Año Nuevo con resultados beneficiosos y por la red de estaciones meteorológicas que se hallan funcionando en todo el país hasta sus últimos confines australes. Pero, para llenar por completo el programa trazado, falta todavía la estación en una de las islas Shetland o en las Orkneys del sur”.

Finalmente, Davis recomienda: “Ahora se tiene la oportunidad de llenarlo mediante el ofrecimiento del profesor Bruce, de llevar en su viaje de regreso del Scotia, cuatro argentinos a la región polar, para seguir en la serie de observaciones iniciadas por él en el mes de enero en bahía Scotia, en la isla Orkneys del sur, donde se ha construido una pequeña casa de piedra que se halla ocupada actualmente por el personal científico de la expedición, punto de observación que formará el eslabón de conexión en la cadena meteorológica, ligando las observaciones del continente suramericano con las que efectuará la expedición escocesa durante el año próximo en las regiones situadas dentro del círculo polar, hecho, cuyo enorme valor científico V. E. apreciará”.

Estas sugerencias convencieron al ministro Escalante, quien a su vez ofició a su par del Ministerio de Marina una nota por la que confirmaba lo anteriormente expresado por Davis y que finalmente se tradujo en el decreto del 2 de enero de 1904, firmado por el presidente Julio A. Roca, que en su artículo 1ro expresaba: “Autorizase al jefe de la Oficina Meteorológica Argentina (OMA) para recibir la instalación ofrecida por el Sr. Williams S. Bruce en las Islas Orcadas del Sur y establecer un observatorio meteorológico y magnético en las mismas”.

Presente y futuro
El compromiso de parte de Argentina a través de la OMA de proseguir con las observaciones meteorológicas y magnéticas iniciadas en la isla Laurie de las Orcadas del Sur tuvo un gran significado tanto para la historia antártica argentina como para la del organismo. A partir de ese hito, el SMN se encuentra presente en cada una de las seis estaciones permanentes en el continente blanco. En la actualidad, la actividad técnico-científica es altamente valorada por la comunidad científica internacional. El aporte del SMN fue, es y será de suma relevancia tras 118 años de presencia ininterrumpida en la región antártica.