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Mujeres antárticas

El continente blanco ha sido durante décadas un lugar de desafío y descubrimiento para la humanidad. Pero, ¿cómo es trabajar en uno de los lugares más inhóspitos del planeta? Tres mujeres argentinas, Noemí Troche, Sabrina Juárez y Silvina Righetti, del SMN, vivieron en primera persona la experiencia de una campaña en la Antártida. En este reportaje, conoceremos sus historias.

Autor: Rocío Seijas




¿Cómo tomaste la decisión de ir a la Antártida y qué te motivó a trabajar allí? 
Silvina Righetti: De chica tenía el deseo de conocer la Antártida. Siempre me pareció un lugar mágico y tenía muchas ganas de experimentar en carne propia la sensación de estar en un lugar tan poco conocido por los seres humanos. Cuando entré al SMN vi que existía la posibilidad de cumplir el sueño y me capacité en geomagnetismo para poder llegar al continente blanco. También me empezó a caer la ficha de lo que significaba como ciudadana argentina ir a la Antártida, la noción de “hacer patria” empezó a sentirse y se hizo cada vez más presente.
Sabrina Juárez: Conocer la Antártida es el sueño que tenía desde los 15 años, entonces me parece que quizás todo me condujo a poder realizar mi sueño. Cuando se empezaron a abrir las puertas no tenía ni que dudarlo.
Noemí Troche: Uno puede comprarse un pasaje para ir a cualquier lugar del mundo, pero para la Antártida tenés que ir con una función específica, con una profesión, o bien estar dentro de los integrantes del apoyo logístico a las funciones de Antártida. Por eso, lo que me motivó fue conocer un ambiente distinto, desarrollar mi profesión como meteoróloga, como pronosticadora, con muy pocos datos.
 

 
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las mujeres en su trabajo en la Antártida, tanto a nivel personal como profesional? ¿Cómo se prepararon para trabajar en una de las zonas más remotas del mundo? 
SR: Creo que uno de los principales desafíos, en mi experiencia al menos, fue el de hacer entender cuál era mi trabajo y por qué era importante lo que iba a hacer. Muchas veces, siendo personal civil, el resto de los compañeros que eran militares no llegaban a comprender y valorar nuestra actividad. El hecho de ser mujer creo que influyó más en la convivencia que en la actividad profesional.  
SJ: En la segunda invernada me tocó hacer un curso de supervivencia y fue una experiencia bastante difícil. También están los preparativos personales: con quién dejás el alquiler de tu departamento, qué hacés con las cuentas bancarias porque allá no siempre podés manejar el homebanking, comprarte todos los elementos de higiene para pasar un año y calcular para que no te falte.
NT: El primer desafío en mi caso sería la credibilidad, ser confiable: estar preparada para la función que tenemos que ejercer y poder brindar confianza en las sugerencias sobre la realización de determinada actividad o no con respecto al clima o al tiempo reinante en la región antártica.
 
¿Cómo mantenes tu motivación y positividad durante largas temporadas en un ambiente tan extremo y aislado?
SR: La verdad que no tuve problemas en cuanto a la motivación en lo laboral. No voy a decir que no fue difícil no tener ni un solo día libre a lo largo de todo un año, pero me considero una persona responsable y saber que mi trabajo era algo importante para Argentina y  otras personas que usaban esos datos me sirvió de motivación. Por otro lado, en lo personal la motivación llegaba, la mayor parte del tiempo, gracias al apoyo mutuo que se generó entre el grupo de cuatro mujeres que formamos parte de la invernada: la observadora del SMN, Verónica Soto, y las guardaparques Lorena Ojeda y Carina Rivas.
SJ: A veces no es fácil, pero jamás me cuestioné. Me acuerdo de estar un día mirando por la ventana y decir: estás acá porque querés, dale para adelante. Hay días que nos cuestan más pero por eso es importante ir a la Antártida con motivaciones que no sean sólo materiales.  
NT: Mi motivación es siempre la meteorología y el trabajo. Todos los días tenemos que estar atentas a las variables del clima para poder informar, para poder asesorar a otros. En lo personal, buscar tareas que en los momentos de dispersión pueda llevar adelante. Por ejemplo, algunos días que el tiempo lo permitía podía hacer caminatas sobre la Península.  
 
¿Cuáles son los mayores aprendizajes que obtuviste de trabajar en la Antártida?
SR: Una de las cosas que aprendí es que “quien se enoja, pierde”. No es fácil, pero en un ambiente tan hostil cada palabra puede tomarse a mal. Por eso, lo importante es tratar de no reaccionar en caliente y hablar sobre lo que sea que haya pasado para que no se transforme en una bola de nieve. 
NT: Un gran aprendizaje es darse cuenta de que estás trabajando en un lugar muy alejado, pero estás armando otra familia, estás conociendo gente que va a celebrar tu cumpleaños, con quienes vas a compartir una fiesta, como el Día de la Madre o Año Nuevo. Ese ha sido un gran aprendizaje: poder trabajar en esas condiciones y también trabajar en equipo.

 
¿Cómo creés que está evolucionando el papel de las mujeres en la ciencia? ¿Cuál es el impacto de su representación en la Antártida en términos de la igualdad de género?
SR: Si pienso en las carreras de Ciencias Exactas y Naturales, veo que hay muchas estudiantes e investigadoras mujeres. Sin embargo, aún se puede notar el "techo de cristal" en los cargos jerárquicos. En el ámbito antártico, como está muy regido por la acción de las fuerzas armadas (ambiente aún muy masculinizado), estas diferencias se ven incrementadas. Pensar que las dos primeras mujeres civiles en invernar en Orcadas fueron allí en 2017 es todo un dato. A partir de esa experiencia, se abrió la oportunidad para que siga yendo personal femenino a esta estación y gracias a eso pude hacer mi campaña de invierno en 2018 donde fuimos cuatro mujeres (con catorce hombres). Creo que la participación de cada una de nosotras permite el acceso de otras que vienen detrás, para seguir ensanchando este camino e ir incrementando nuestro lugar en la Antártida. En cuanto a los cargos jerárquicos dentro de las estaciones, que en todos los casos son para militares, recién este año va a haber una jefa mujer en la base Carlini. Falta mucho aún, por eso nuestra presencia como mujeres es muy importante. 
NT: Mujeres a la Antártida van desde hace mucho tiempo, pero por periodos cortos: mujeres de ciencia, que van a realizar determinadas investigaciones. En cuanto a la vida militar, con algunas que se quedan por un año, comenzó a partir del 2004 o 2005. La campaña 2005-2006 incluyó a la primera mujer que se quedó en la base Marambio. Ese año las condiciones de alojamiento no estaban tan acondicionadas para la llegada de la mujer, pero con el transcurrir del tiempo se han realizado cambios, ahora hay alojamientos solo femeninos. En el año 2022 fue el primer año en que invernaron mujeres en las estaciones Belgrano y  San Martín.
De a poco se nos va teniendo en cuenta también para oficios, como por ejemplo, técnicas de helicópteros, personal que trabaja con la carga, pilotas. También hay muchas paleontólogas o biólogas que desarrollan su profesión en el área antártica. Como abrimos camino para otras mujeres, una tiene que desempeñar un muy buen papel, tanto en lo profesional como en lo personal.
 
¿Qué consejos le darías a otras mujeres que estén interesadas en trabajar en la Antártida o en comenzar una carrera científica? 
SR: Primero diría que le pierdan el miedo a las matemáticas o a la física. Si les interesa la Antártida, mi consejo sería que averigüen qué oportunidades de trabajo o qué líneas de investigación pueden estar relacionadas y comiencen a tocar puertas o mandar mails. Quizás sea complicado, pero con persistencia todo se logra. 
SJ: Capacitarse y nunca renunciar a ese sueño. Hay que trabajar por eso; una tiene que conocer cuáles son las posibilidades y cómo puede desarrollar también su interés por las diferentes ciencias y aplicarlas en el continente Antártico. 
NT: Para todos aquellos, ya sea hombre o mujer, que quieran trabajar en la Antártida, es importante tener una muy buena capacitación previa, no sólo en lo que es la profesión, sino también en cómo se cuida el medio ambiente
 
¿Qué es lo que más extrañás de casa cuando estás en la Antártida y cómo lidiás con la nostalgia de haber estado allí cuando volvés? 
SR: En mi caso extrañé mucho las frutas y las verduras frescas. En Orcadas los víveres se llevan a principio de año, con la dotación entrante, y después no llega nada más hasta la temporada siguiente. En mi invernada, aún recuerdo cuando un 6 de noviembre de 2018 llegó el primer crucero con turistas y nos regalaron verduras y frutas. Fue todo un festejo, después de seis meses de comer todo enlatado, comer algo fresco. También extrañé mucho andar en bicicleta y tomar una buena cerveza con amigues. 
En cuanto a la nostalgia, es algo prácticamente diario. Casi siempre aparece un recuerdo o foto que te remonta a algún momento de la invernada. Es un lugar tan especial y la experiencia es tan profunda que es muy difícil que se borre. 
SJ: Cuando vas a la Antártida te traés un pedacito con vos, y es algo que está presente todos los días. La nostalgia surge al saber que una estuvo allá, al saber que una puso su granito de arena de la manera en que pudo, y siempre añorando tiempo en el continente blanco. 
NT: Lo que más extraño de mi casa obviamente es la familia, los amigos, los afectos. Hoy en día, con el avance de la tecnología, en algunas estaciones tenemos más posibilidades de hacer videollamadas; esto obvio que te acerca. La nostalgia de cuando uno vuelve a casa, sí, eso es algo que en mi caso perdura siempre: se extraña ese compartir día a día con un montón de personas. 

 

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Una avenida con nombre de mujer
 
En Marambio hay una pasarela con un nombre muy especial: la avenida Noemí Troche. Fue nombrada así en 2022 por el Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR) y por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), como reconocimiento a la labor de la pronosticadora aeronáutica que desde hace 18 años se dedica a estudiar el continente blanco.


 



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